Los nutricionistas no dejan de insistir en la importancia que tiene la primera comida del día, que es la que arranca el metabolismo, la que te proporciona energía y la que te ayuda a regular el apetito hasta la comida. De todo. Tu desayuno debe contener carbohidratos saludables (pan, cereales o galletas integrales y mejor biológicos, sin azúcares ni grasas añadidas); zumo natural o fruta fresca (mejor al principio para hacer mejor la digestión); un lácteo desnatado o vegetal (si tienes intolerancia a la lactosa o quieres reducir aún más las calorías), café o té verde (tu primera dosis de antioxidantes); proteínas sanas (jamón ibérico, pavo, huevo) para quitarte el hambre; alguna grasa saludable (¡aceite de oliva virgen!) y algo dulce si te apetece mucho (es el mejor momento para tomarlo, tienes todo el día para quemarlo), como mermelada sin azúcar añadido.
Con qué: la idea es no comer nada sólido, sino consumir las frutas y las verduras en batidos y licuados, por supuesto sin leche, ni siquiera las vegetales por estos dos primeros días. Usar más verduras que frutas es lo ideal ya que las frutas tienen mucha azúcar. 4 vasos para mujeres y 6 para hombres son el consumo recomendado. Durante el día beber agua, tisanas de hierbas y nada de té, mate ni café, para favorecer la desintoxicación.
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