La historia de las dietas líquidas para perder peso tienen un oscuro punto de partida. En los años 70, un médico estadounidense, Roger Lynn, presentaba su cura milagrosa para la obesidad. Consistía en un batido de proteínas ('Prolinn') como única comida diaria: concretamente, provenía del colágeno de las pezuñas y pellejos de animales del matadero, una materia prima barata. Aunque el régimen debía acompañarse de suplementos vitamínicos y nutricionales, aportaba únicamente entre 400 y 800 calorías diarias. 

Hay algunos productos disponibles en línea, en tiendas de alimentos saludables, farmacias y tiendas de vitaminas que pretenden ser supresores naturales del apetito. La fibra, por ejemplo, le ayuda a sentirse satisfecho por más tiempo después de comer. Por esta razón, algunos fabricantes de suplementos de fibra lo llaman un supresor natural del apetito.
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